Rosa Funes


MUJERES INFLUYENTES DE ALCALÁ

Visibilizar a las mujeres que han tenido que ver con la historia de Alcalá de Henares es un objetivo prioritario desde hace tiempo en nuestra ciudad. En Lux Moments queremos además alzar las voces de las mujeres contemporáneas que destacan por su gran labor. Próximamente iremos publicando sus artículos de opinión que generosamente ceden a este medio de comunicación, lo que les agradecemos de corazón. 

ROSA FUNES

Pediatra Neonatóloga, es miembro de la Asociación Española de Pediatría y miembro numerario de la Sociedad Española de Neonatología. Profesora asociada de la Universidad de Alcalá de Henares.

Vocal de pediatría hospitalaria en la Mesa de Trabajo sobre Salud Digital de la Policía Nacional de Alcalá de Henares. Ha publicado un pequeño poemario «Trilogía del Desorden» y ha colaborado en la antología poética Discípulas de GEA, ambas de la editorial Inventa Editores. También es autora de un relato en el libro «Esto no es un Puto Vinilo» de la editorial Bala Perdida.

ENERO 2023

CARTA A LOS REYES MAGOS

Queridos Reyes Magos, este año solo voy a pediros una cosa; bueno, dos si acaso. La primera: SALUD, salud para todos. Y la segunda, como sé que es un imposible esa primera petición, os pido también una Sanidad Pública fuerte y respetuosa con sus profesionales y sus pacientes.  

Sin salud los días y las noches se hacen eternos, el cuerpo no responde y la mente flojea. Es difícil mantener la actividad diaria, el trabajo y el cuidado de la familia y los amigos cuando la enfermedad se hace un hueco en nuestras vidas. Por eso, porque todos en algún momento u otro nos vemos privados del bienestar físico y/o mental os pido este año que nos traigáis una Sanidad Pública con unos buenos cimientos, que nos cuide y nos arrope en los momentos difíciles que nos depare el futuro, a nosotros mismos o a los nuestros.  

A lo mejor si fuera una petición universal podríamos conseguirlo. Lo malo es que mientras gozamos de salud preferimos otras cosas y nos olvidamos de lo que realmente es imprescindible. Da igual que hoy no la necesitemos. Estamos condenados a visitar un hospital por uno mismo o por alguien cercano a nosotros.  

Me gustaría ver ciencia y sonrisas cariñosas envolviendo a los enfermos, pasillos llenos de esperanza y profesionales reconocidos capaces de dar lo mejor cada día.  

Me gustaría que el título de la mejor sanidad del mundo se hiciera real en nuestras calles y no fuera una frase hecha (y falsa).  

Como digo no os pido nada más: Salud y Sanidad Pública de calidad.  

Ojalá podáis hacer realidad los deseos de esta carta.  

Hasta el año que viene.  


DICIEMBRE 2022

LA BRONQUIOLITIS HA VUELTO

Todos los años el virus VRS (virus respiratorio sincitial) causa estragos entre los niños más pequeños con la bronquiolitis. Todos los años menos los de la pandemia por el virus SARS_Cov2 (Covid19). Los años 2020 y 2021 fueron como una luna de miel para ellos, en la que apenas se infectaron por ningún virus, protegidos por las mascarillas que llevábamos masivamente los adultos y niños de más de 4 años.

Este año Covid19 ya ha dejado espacio a los virus de siempre y han reaparecido con fuerzas renovadas el VRS (virus respiratorio sincitial), el adenovirus, los rinovirus, la gripe, etc. y los niños están enfermando de manera masiva.

El VRS produce la bronquiolitis, una enfermedad que provoca dificultad respiratoria que puede llegar a ser muy grave. No tiene vacuna para prevenir su aparición ni tratamiento para curarla. Lo único que podemos hacer es dar soporte respiratorio con oxígeno a los niños que lo necesitan. Muchos de ellos terminarán necesitando aparatos que les ayudarán a respirar mejor y algunos incluso terminarán en una UCI pediátrica. Cuanto más pequeños, mayores posibilidades de presentar un cuadro más grave.

La bronquiolitis no es una enfermedad nueva, aunque lo parezca por la forma de dar la noticia en algunos medios de comunicación. Como digo, todos los años llegaba la epidemia alrededor de noviembre, presentaba su pico de incidencia en diciembre y se quedaba hasta febrero o marzo causando estragos entre los más pequeños. Este año, justo en el momento actual, la incidencia es similar al pico que otros años hemos visto en diciembre, se ha adelantado la temible epidemia de bronquiolitis y no tenemos certeza de hasta dónde va a llegar dicho pico. Lo que sí sabemos es que las plantas de pediatría están ya ocupadas al cien por cien, las UCIs pediátricas están llenas y empiezan a aparecer serios problemas de camas para manejar a por estos pacientes.

Es necesario, como siempre, aumentar y reforzar el personal sanitario, tanto pediatras como enfermeras pediátricas y auxiliares. Y es posible que sea necesario también ampliar espacios y camas si la incidencia sigue subiendo.

No me cansaré de recomendar que hay que evitar que los niños pequeños entren en contacto con infecciones respiratorias por leves que nos parezcan. Se deben limitar visitas a los recién nacidos en hospitales y domicilios y a los niños menores de 6 meses durante este momento epidémico tan marcado. No es un capricho ni una moda “postcovid”. Es una realidad que se repite año tras año. Aun a riesgo de que me tachen de alarmista, atención familias con lactantes: el VRS es mucho más peligroso en los más pequeños que el recién conocido Covid_19, así que máxima higiene de manos y evitad el contacto con las personas que tengan infecciones respiratorias.


NOVIEMBRE 2022

LAS PAPELERAS TAMBIÉN EXISTEN

Observo con estupor cómo un caballero, que parece un padre de familia por la estampa que presenta junto a una mujer y dos niños pequeños, arroja un papel hecho una bola con su mano derecha hacia la pared que queda a su izquierda. Estupor según el DRAE es asombro, pasmo. Pues eso, pasmada me quedo porque justo a su derecha, a escasos dos metros o tres se encuentra una papelera anclada a una columna de nuestra preciosa calle Mayor.

Es probable incluso, que este señor en sus tertulias con amigos critique sin piedad al ayuntamiento porque la ciudad está sucia. En los tiempos que corren es norma general echar la culpa de todo al que está un poco más arriba que nosotros. La autocrítica no está de moda. Analizar si hay algo que yo puedo hacer para mejorar nuestro entorno, eso es demasiado pedir.

Para colmo, dada la violencia que nos rodea, cualquiera se atreve a decirle a ese caballero que no sea tan indecente y que tire los papeles a la papelera y que si es posible, eduque a sus hijos con el ejemplo. Qué vamos a pedir a los niños si lo que ven cada día son gestos de desprecio por lo que nos rodea, si las normas básicas de civismo son pisoteadas por sus progenitores.

Y supongo que debe ser cierto que Dios los cría y ellos se juntan porque la mujer que acompañaba al protagonista de esta historia miró cómo la pelota de papel rebotaba en la pared y casi la pisó mientras seguía camino con una de las niñas de la mano.

Observo también con asombro cómo un perro levanta su pata y mea justo en un cajero electrónico, después se coloca en posición y deja un moñigo proporcional a su tamaño (grande para vuestra información). Su dueño le habla como si fuera un humano: “Vamos Gori, vamos, tengo prisa, ahora no, venga” y se va dejando el pastel para delicia de todos los transeúntes.

Más adelante en un banco reposan los restos de un banquete juvenil, unas latas de cerveza vacías y unos envoltorios del Burger King. A su lado, una papelera cuelga hacia abajo rota.

¿Qué tal un poco de civismo?


OCTUBRE 2022

CUATRO OJOS

Cuatro ojos. Así es como llamaban a una niña que llevaba gafas cuando yo iba al colegio. Y lo hacían para reírse de ella. Sin piedad. Sin motivo. Porque sí.

Nuestras profesoras no permitían ninguna mofa. En cuanto detectaban algún tipo de burla o humillación intervenían y ponían las cosas en su sitio. Se te iban en un momento las ganas de llamar a nadie Cuatro ojos.

En aquella época, Cuatro ojos cuando llegaba a casa encontraba un refugio. Sus padres, sus hermanos, sus abuelos la llamaban princesa, preciosa o reina y ella olvidaba esos insultos del colegio. En vacaciones incluso llegaba a olvidar que llevaba gafas. Benditos años analógicos.

Hoy, gracias a la tecnología, los niños que sufren bullying no tienen ni un segundo de respiro. El acoso se extiende y ocupa todos los espacios posibles. No solo existe la agresión en la clase, sino que, a través de las redes sociales, de los mensajes en los móviles, etc., continua el acoso sin descanso. La sensación de falta de aire y desprotección de estos niños es de tal magnitud que muchos de ellos enferman, somatizan y muestran como dolor físico todo el daño psicológico que soportan día a día; y muchos otros, no solo enferman, sino que buscan salidas drásticas y sin vuelta atrás para no soportar más el terror de ser humillados sin descanso.

Existen circuitos en los centros escolares para detectar y actuar ante estos hechos, pero en muchas ocasiones son muy difíciles de descubrir y de abordar.

El bullying no se puede confundir con un insulto de un día ni puede ser considerado una cosa de críos. Cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre estudiantes de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado tanto en el aula como a través de las redes sociales es acoso escolar. Que sea reiterado es lo que marca la diferencia con una discusión entre chavales. 

Ante un problema como este no valen medias tintas. Hay que abordarlo y anularlo desde el minuto cero. Y el minuto cero comienza en cada casa. Nuestros hijos deben aprender a tener respeto por los demás. Es el punto fundamental del que parte todo. Respeto. Tolerancia. Compañerismo. Enseñemos valores a nuestros hijos en casa para poder reforzarlos en la escuela. Evitemos que sean meros espectadores de la injusticia o la crueldad.


SEPTIEMBRE 2022

FIESTAS

He tenido un extraño sueño. Iba de la mano de mi abuelo. En su otra mano, mi hermana. Nos llevaba a la Feria. Montamos en un tiovivo y nos compró un algodón de azúcar, rosa, como la vida cuando eres niña todavía. Recorrimos un montón de puestos con artesanías preciosas: bolsos, pulseras, figuras de madera, chaquetas, multitud de cosas que solo podías ver en la Feria. El sonido era ensordecedor, la música cambiaba a cada paso. El olor a aceite y freidora envolvía algunos pasillos. “Una Chochona acaba de tocar” gritaban por todos los lados. A nosotras nunca nos tocó esa muñeca: nunca echamos boletos a la tómbola. Mi abuelo sonreía mientras dábamos vueltas montadas en un coche de bomberos; a su paso tocábamos la campana que había sobre nuestras cabezas.  El coche de bomberos paró en el Recinto de La Paloma. De pronto el abuelo no estaba, nos rodeaban nuestros amigos del instituto. Las peñas tenían unas casetas con música para bailar toda la noche. Tocaba divertirse, gritar, cantar, abrazarse, quererse. Miramos el reloj, era muy tarde. Había que volver a casa. Juntas, como siempre; con las amigas, como siempre. Empezamos a andar entre bromas y risas. Mi madre esperaba despierta a oír el sonido de la puerta cerrarse. Se cerró la puerta, pero era la de mi coche. Salía de madrugada a recoger a mi hija que estaba en el recinto ferial. No quería que volviera sola y a todas sus amigas las dejaban la noche entera. La policía local me hizo circular, no me dejó parar en doble fila. La gente corría como si fueran palomas a las que asustas corriendo detrás de ellas. Contenedores de basura ardían (estoy segura de que dentro ardía el inicio de este sueño). La violencia se adueñaba de las calles, el móvil vibraba al son de doscientos mensajes: “mamá dónde estás. Aquí se están matando. Ven a por mí. Tengo miedo”.

Me despierto.

Solo quedan cenizas de aquellas ferias con mi abuelo, con mis amigos, con las peñas.

Me pregunto en qué momento una sonora parte de la sociedad decidió madurar solo en dirección a la violencia en las fiestas de nuestras ciudades.


AGOSTO 2022

AUTOFOTOS

​Cada día estoy más convencida de que somos lo que damos. Eso que ofrecemos a los demás sin pensar, que nos sale de dentro casi sin poder evitarlo: eso es lo que nos define.

Diferentes sentimientos van decorando nuestra fachada, pero son nuestros actos los que nos definen y los que se convierten en el cemento que nos sostiene.

Hace unos días veía una foto de una sanitaria “destrozada” en un pasillo por la muerte de un paciente (eso ponía en el post acompañante), una publicación personal que intentaba transmitir el dolor que sufría en ese trágico momento. Lejos de emocionarme y de provocar en mí una mínima empatía, lo que sentí fue indiferencia ante una foto más. Me pregunté dos cosas: la primera si habría pedido a alguien: “Oye, hazme esta foto así”; y la segunda, si de verdad buscaba transmitir sus sentimientos o simplemente, como muchas personas hoy, los “me gusta” de turno, la viralidad de su publicación o los cientos de comentarios compadeciéndose de su dolor.

Y es que me cansa ver la exposición constante de sentimientos que no logro discernir si son postureo o son verdad.

No somos lo que exponemos en nuestros perfiles de redes sociales por mucho que la publicación tenga muchas interacciones o comentarios. Somos mucho más a veces o mucho menos otras veces.

Así como me impacta una exposición de fotografía en la que el autor ha captado, desde la objetividad, la esencia del sufrimiento y del dolor humano, me molesta sobremanera la individualidad y la preparación de la foto dolorosa. Busco en la espontaneidad de la imagen impregnarme de su realidad.

Reconozco que prejuzgo a quien expone en las redes sociales este tipo de imágenes de sí mismos porque me parecen preparadas para causar un efecto determinado, incluida la compasión.

Los que trabajamos con el dolor ajeno sabemos que existe, que siempre tiene nombre propio y que nuestro dolor al lado del suyo es tan insignificante que ofende la búsqueda de likes.

Por eso pienso que somos lo que sentimos y somos lo que damos, sin necesidad de exponerlo ante los demás. Si das amparo y cariño a tus pacientes, si los acompañas y sufres con ellos, si celebras sus buenas noticias y les consuelas si no son tan buenas, entonces ellos verán que eres de verdad. Verán tu foto en tiempo real. Y eso debería ser suficiente.

Sin “me gustas”.

Solo la vida, tú y ellos.


JULIO 2022

LA ORQUESTA DEL TITANIC

Sobre el cierre de los SUAP, Servicios de Urgencias de Atención Primaria, poco se puede decir que resulte positivo. El Centro de Salud Luis Vives, después de todo lo acontecido durante la pandemia Covid_19, no abre las puertas de sus urgencias para complementar las del Hospital Príncipe de Asturias y esto significa que durante los fines de semana, fiestas y noches, todas las personas de nuestra ciudad o de los alrededores tendrán que acudir al hospital si precisan una atención sanitaria que no se pueda demorar. Como consecuencia, en términos sanitarios, las verdaderas urgencias van a tener que esperar, porque el exceso de pacientes no urgentes (pero que también precisan atención) creará un tapón en la asistencia. Esa situación se agravará por el cierre de camas del verano y la disminución constante del personal, ya sea por vacaciones, ya sea por baja por enfermedad, ya sea por despidos del todo increíbles. 
Vivimos un grave problema con la Sanidad Pública bajo mínimos. Me siento como parte de la banda de música del Titanic, tocando para hacer el hundimiento más humano, si es que un naufragio puede calificarse como humano. En esta orquesta tocamos todos los sanitarios en un intento de que los pacientes sufran lo menos posible el desastre que ya existe ahora y el que se avecina en cuestión de años; en un  intento también de no perder la esperanza.
Sueño con que alguien, ahí en las altas esferas, se dé cuenta de que urge 
solucionar los graves problemas de recursos humanos y materiales en los hospitales y centros de salud de nuestra comunidad, Madrid. Es necesaria una gran inyección económica que solucione esta debacle. Alguien debe ver que es necesario disponer de los SUAP abiertos, con médicos y enfermeras y demás personal imprescindible, porque somos complementarios, nos necesitamos para una atención segura y de calidad. No sirven los SUAP sin médicos ni los SUAP cerrados. ¿Es que nadie lo ve?


JUNIO 2022

APLAUSOS SOLO A LA CORDURA

Los menores acusados de la violación en Burjassot salen entre aplausos de familiares tras quedar en libertad vigilada: «Son unos guerreros»

No puedo dejar de usar este pequeño altavoz que me ofrece Lux Moments para gritar a los cuatro vientos que sean cuales sean los hechos que rodean a la denuncia de violación de unas niñas de doce y trece años, no es normal, repito no es normal, aplaudir a los supuestos violadores, ni en honor a la presunción de inocencia, después de su detención.

En esta sociedad occidental donde la mujer está buscando el reconocimiento y el respeto de los que las privaron durante gran parte de la historia, cobra mayor importancia si cabe la presunción de inocencia: derecho de todo acusado por un delito a no sufrir una condena si no existe una sentencia firme de culpabilidad. Sí, es un derecho y es fundamental respetarlo.

Se hace necesario alejarse de juicios sociales y mediáticos, dejar de actuar como forofos que se mueven por colores e ideologías sin prestar la más mínima atención a la reflexión y a los argumentos de ambos lados.

Este caso resulta especial por la edad de las niñas que denuncian y la de los denunciados. Todos, o casi todos, menores de edad, pero con una diferencia de años significativa como para exigir cierta cordura en los acusados.

Probablemente no esté sucediendo nada que no haya sucedido ya a lo largo de la historia. Sorprende que ante la facilidad de información que existe hoy al respecto de sucesos y riesgos, a la hora de establecer relaciones con “conocidos” a través de las redes sociales, sigan sucediendo una y otra vez estos hechos. Es evidente que hay mucha información y muy poca digestión de la misma.

No creo que la educación de los niños en materia de relaciones sociales, sexuales y de amistad esté naufragando, porque estoy segura de que hay millones y millones de familias educando a sus hijos con la mayor cordura posible y con valores humanos esenciales. Sin embargo, los casos que saltan a la prensa son demasiado graves como para no preocuparse. En mi opinión exigen una reflexión y, a ser posible, una conversación con nuestros hijos (hijos e hijas se entiende) en la que se debata sobre los hechos y se refuerce el respeto por uno mismo y por los demás.

A veces, más vale callar y analizar los hechos que aplaudir lo que pudiera resultar repugnante.


MAYO 2022

LADRONES LEGALES

Tengo la sensación de que nos rodean demasiados ladrones de guante blanco y de que todos se defienden alegando un complot contra ellos. Estoy convencida de que España podría ser una gran potencia económica si todo el dinero que roban unos y otros estuviera en las arcas de nuestro país y sirviera para impulsar la sanidad y la educación públicas, la investigación, la modernización de nuestros cuerpos de seguridad, etc. Pero no, en nuestro país muchas casas sufren miseria, muchas aulas sufren necesidad, los centros de salud están abandonados a su suerte y los prestigiosos hospitales madrileños se desmoronan sin remedio.

Para colmo, algunas personas han perdido la poca vergüenza que podrían tener y se plantan ante a las cámaras y los micrófonos, intentando convencernos de que son las víctimas (millonarias, eso sí) de todo cuanto se roba a su alrededor.

Da miedo leer la prensa, no solo porque ya hace mucho tiempo que no es una prensa objetiva, sino porque asusta, deprime y cabrea profundamente descubrir a los nuevos ladrones legales y por supuesto siempre cumplidores de las normas éticas que gobiernan nuestro estúpido mundo de forofos.

No sé bien en qué momento se perdieron los valores humanos. Solo la avaricia y las promesas de cantidades innombrables de dinero pueden hacer que con todos los países que existen en este mundo, se pueda elegir Arabia Saudí para un evento deportivo de calado. A cualquier persona ética le revolvería el estómago pensar en la violación de los derechos humanos en ese país que consigue lo que quiere a base de talonario.

Me dan ganas de vomitar cuando pienso en los que hicieron negocio mientras la gente moría en condiciones inhumanas. Y lo malo es que esas personas, los ladrones legales (“comisionistas” les llaman ahora) porque ahora se buscan nombres que no ofendan para todo, esas personas nos rodean y viven muy tranquilos como auténticos reyes… ¡Ay, mejor no hablemos de reyes porque me puedo meter hasta las rodillas en el barro!


ABRIL 2022

¿CUÁNTO VALE UNA VIDA HUMANA?

Si de repente mañana te dicen que ha comenzado la Tercera Guerra Mundial, ¿qué harías? Yo me quedaría tan estupefacta que no podría ni llorar. Que unos dementes egocéntricos y ambiciosos, hasta límites insospechados, decidan ponernos en la cuerda floja sin red abajo es algo que resulta muy difícil de aceptar.

No basta con saber que somos ceniza en unos años, que somos insignificantes en el universo, que un volcán, un tsunami, un huracán, una lluvia torrencial, un accidente nuclear, un naufragio, una catástrofe aérea, una enfermedad, o un maldito cáncer (por poner solo unos poquísimos ejemplos) nos pueden fulminar y dejar sin llevar a buen puerto nuestra particular historia; no basta con saber eso, que tenemos que empeñarnos en matarnos unos a otros, destrozarnos y arrancar las lágrimas y lamentos más dramáticos que nuestros ojos hayan podido ver.

Que el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor es algo que también sabemos todos. Y que la memoria es selectiva también lo conocemos. Unos mecanismos cada vez más perfectos de supervivencia espiritual hacen que olvidemos periódicamente las desgracias que desgarran nuestros sentimientos. Un niño sirio ahogado en una playa, muerto al cruzar en una patera el Estrecho, nos sacude el alma para pasar luego a ocupar un insignificante lugar en nuestra memoria. ¿Cuánto tiempo ocupará nuestro pensamiento el video de un niño ucraniano, con un oso de peluche en una mano que huye de las bombas, solo, llorando? ¿Cuánto tiempo el de aquellos ancianos que huyen con dificultad, sin cargar con nada, salvo sus años, que les merman las fuerzas, que les dificultan andar ligeros y levantar las piernas para subir un escalón?

Una bomba cae en el camino y aterra a personas rubias, con maletas como las nuestras. ¿Cuánto tiempo tardaremos en darnos cuenta de que las balas pasan cada vez más cerca, que son los hombres “normales” que nos rodean, los que ante su nauseabunda ansia de poder sacan los tanques a las calles y arrasan con la rutina de cada día? Bendita rutina, quién pudiera anclarte a la vida.

Si mañana anuncian la Tercera Guerra Mundial, habrá entre toda la especie humana quienes piensen que es la solución a los problemas que nos rodean. Por eso pienso que el ser humano se extingue, por ser absurdo e implacable en su ignorancia.


MARZO  2022

URGE ACOMPAÑAR AL ENFERMO 

No puedo menos que volver a incidir en un tema que me preocupa de manera especial: cinco meses después de haber escrito en este mismo medio Humanizar, el término medio, poco o nada hemos avanzado en el acompañamiento de los enfermos. Me pregunto qué parámetros son los que manejan los responsables sanitarios que marcan las directrices a seguir en los hospitales para concluir que no haya acompañamiento de los pacientes ingresados, salvo que el médico lo autorice. Me pregunto también si no es posible coordinar mejor este acompañamiento cuando ya está autorizado. ¡Cómo es posible que un enfermo anciano, desorientado, recién operado, entre en una habitación de hospitalización solo, sin ningún familiar, sin nadie que le ayude, que le vigile, que le hable o que le tranquilice! ¡Cómo es posible que una mujer ingrese sola para una mastectomía por un cáncer de mama, y permanezca sola hasta el momento del alta! 

Por mucho que me quieran (nos quieran) convencer con datos sobre la incidencia Covid_19 o sobre la seguridad de familiares y sanitarios, me van a perdonar, pero no es admisible: aforo completo en restaurantes, acontecimientos deportivos con público casi al 100%, calles, centros comerciales, cines, teatros, conciertos llenos, celebraciones de entrega de premios, actos políticos y un largo etc. ridiculizan, una vez más, los protocolos de acompañamiento en los hospitales. Y no hablo de visitas en los hospitales, que también podrían valorarse, hablo solo de acompañamiento del enfermo. Da igual la edad. Enfermo ingresado en el hospital: suficiente motivo para poder estar con una persona de su confianza. 

Mantener a un enfermo aislado, sin ningún familiar a su lado, perjudica su evolución. Un familiar cerca puede disminuir la ansiedad, la necesidad de analgésicos, puede mejorar el estado general, etc. Y eso sin contar que, en algunos casos, además, ese familiar será de gran ayuda para el personal sanitario, siempre escaso en las plantas de hospitalización: ayudará en el aseo, en dar de comer, en calmar, en levantar o acostar al enfermo. Será un familiar que acompaña, ayuda y alivia. Justo lo que necesita un paciente. 

En mi opinión, el acompañamiento de un enfermo no puede depender de que un médico considere dependiente o no, a un paciente. No solo una persona dependiente tiene derecho a estar acompañada. Todos los enfermos deberían tener esa oportunidad.

Sean sensatos, empaticen con las familias, dejen la rigidez de los protocolos de acompañamiento para otros temas. Estoy segura de que la gran mayoría de los sanitarios y de los ciudadanos estamos de acuerdo en que la soledad del enfermo no beneficia a nadie y demuestra una falta de humanización intolerable en nuestros tiempos. 


Febrero 2022

FUMAR PERJUDICA SERIAMENTE SU SALUD

Fumar perjudica gravemente su salud y la de los que están a su alrededor, Fumar mata, Fumar produce cáncer de boca y de garganta, son frases que se puede leer en los paquetes de tabaco. Pero, al igual que con todo lo que se convierte en rutinario, nuestro cerebro ya no las analiza. El aviso pierde fuerza en su reiteración. El tabaco es veneno y crea una adicción muy difícil de superar. Es de sobra conocido que produce cáncer, enfermedades respiratorias, daños en boca y encías, etc. Sin embargo, las autoridades sanitarias son más bien permisivas con el hábito de fumar. Aun sabiendo que existen los fumadores pasivos, que el fumador no solo se daña a sí mismo, sino que daña a los que le rodean, se les permite el privilegio de ahumar a sus iguales. El gran paso que se dio al prohibir fumar en los interiores no se ha continuado con una política de protección de la salud de todos los ciudadanos. Creo que la pandemia por SARS-2 podría haber supuesto un momento idóneo para prohibir fumar en terrazas, en estadios de fútbol, en centros deportivos o de ocio aunque sean al aire libre. Mientras un ciudadano no fumador debe pasear con mascarilla, un fumador puede ir fumando sin ninguna limitación, ¿tiene algún sentido?

Dejando a un lado el momento pandémico que vivimos, me preocupa especialmente el hábito fumador en jóvenes adolescentes o preadolescentes y en mujeres embarazadas. El daño del tabaco en el feto va mucho más allá del bajo peso, que es quizá el efecto más conocido. Me pregunto si una madre o un padre, cuando tienen a su recién nacido entre sus brazos cogerían un cigarro, lo encenderían y le echarían el humo en su cara. Qué harían si un extraño hace eso con su hijo. Me lo pregunto porque cuando una mujer embarazada fuma, le está metiendo ese humo directo por vena y produciendo numerosos daños, que no porque los desconozca se dejan de producir. Hablo de aumento de adicciones en la edad adulta, de aumento de patologías respiratorias, de aumento de determinado tipo de leucemias y un largo etcétera. 

Y qué decir de la normalización del consumo de marihuana en distintos rangos de edades, consumo que está demostrado que aumenta, o despierta, el desarrollo de ciertas patologías psiquiátricas; consumo que produce, en el caso de hacerlo embarazada, un síndrome de abstinencia en el recién nacido que precisa de medidas de contención y medicaciones, como la morfina, y que mejor no tener que presenciarlo porque es realmente doloroso. 

Desde el modesto altavoz que me proporciona esta columna, ruego al Ministerio de Sanidad y a todos los responsables de la Salud Pública, que tomen medidas que protejan a todos y no solo a la economía tabacalera. Les pido mayor severidad en las medidas: recordemos que está prohibida la venta de tabaco a menores de 18 años; pero como sucede con el botellón y el consumo de alcohol en adolescentes, si algo es demasiado complejo de controlar, mejor mirar hacia otro lado… ¿verdad? Y les pido, finalmente, que establezcan políticas antitabaco en la esfera perinatal con información y ayudas contundentes. 

             Por cierto, mujer, si estás embarazada y te dicen: “Es mejor para el niño fumar algún cigarrillo, que la ansiedad que te produce no fumar”, te advierto que es FALSO, rotundamente falso. Si estás embarazada, aprovecha para dejar de fumar. No hay más. Primera renuncia de muchas cuando se decide tener un hijo.

Recuerden: Fumar perjudica gravemente su salud y la de los que están a su alrededor (incluidos sus hijos).


ENERO  2022

EMPATÍA 

   Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos (DRAE)

He leído una noticia en los medios de comunicación: se han agotado los test de antígenos. He pensado: “si solo se hubieran agotado los test de antígenos estaríamos de enhorabuena”. 

Dice la RAE que agotarse es cansarse extremadamente. Y eso es lo que sucede hoy con los profesionales de la sanidad. Conviven con un cansancio extremo. Covid_19 ha venido para vaciar todo nuestro contenido emocional y extenderlo en la alfombra de cada casa o en el suelo de los pasillos del hospital para ser pisoteado por todos. 

Desde aquel marzo de 2020, cuando comenzó el confinamiento obligado, han pasado ya 1 año y 9 meses.  En ningún momento Covid_19 ha dejado de estar entre nosotros y en ningún momento ha dejado de ser una seria amenaza. Son muchos los profesionales sanitarios que, dependiendo del lugar donde desarrollan su trabajo diario, no han podido dejar de ponerse el EPI un día tras otro y no han podido dejar de estar expuestos a este virus mutante e invasivo. En sus retinas tienen grabadas miradas, palabras y despedidas que no acaban nunca y a las que no les ven el final. La sobrecarga de adrenalina y la enorme capacidad de lucha de las primeras semanas de esta pandemia, alentada por los aplausos de las ocho de la tarde, se han convertido en desánimo, angustia, depresión y miedo. El trabajo frente a los pacientes, para muchos profesionales, se ha convertido en una enfermedad propia, que va minando la moral lentamente, cuando no la salud misma. Ya no encuentran dónde agarrarse. Las condiciones laborales de muchos de ellos y la incertidumbre sobre sus contratos de trabajo son intolerables, sobre todo en la situación epidemiológica que se vive actualmente.

El agotamiento del personal sanitario es muy preocupante y a su vez parece no preocuparle a nadie.  Es posible que quien no haya vivido en su piel esas primeras semanas de muerte y enfermedad salvajes no puedan llegar a imaginar lo que quiero decir. 

Resulta muy injusta la crítica destructiva hacia los sanitarios por juntarse con amigos o familiares, haciendo lo que hace el resto de los ciudadanos. A algunos profesionales, (a muchos en realidad), habría que hacerles un monumento, un homenaje sincero y multitudinario por dejarse la piel desde hace ya casi dos años cuidando enfermos de Covid_19. Pero es más sencillo colocar titulares sobre los contagios en sus reuniones o festejos: puede que no sea el momento de reunirse a celebrar nada, pero tampoco es el momento de sacar titulares sensacionalistas sobre sanitarios. ¿Cuántos titulares sobre contagios masivos hubo cuando se cubrían con bolsas de basura en vez de con los EPI? ¿Cuántos titulares hubo cuando se quedaban doblando turnos o haciendo más horas porque no había manos suficientes? ¿Cuántos titulares hubo cuando los ginecólogos atendían hombres ahogándose o los pediatras atendían abuelos que no podían respirar? ¿Cuántos cuando todos los sanitarios fueron a una para salvar a miles de personas? 

Les pido un favor. Pónganse, unos segundos tan solo, en la piel de esas personas y corran su riesgo día tras día, día tras día, día tras día y luego díganme si no merecen un poco más de respeto. Solo un poco más de respeto de todos, un poco más de empatía, también por parte de la prensa. 


DICIEMBRE  2021

EN DEFENSA DE LA ATENCIÓN PRIMARIA

Hace casi 20 años tuve la suerte de trabajar como pediatra de Atención Primaria en un consultorio local de un pueblo de Guadalajara. Había mucha población joven con niños pequeños y enseguida mi cupo aumentó a cifras insospechadas e inmanejables. En invierno, entre la demanda citada, las revisiones del Niño Sano programadas y las urgencias, podía fácilmente atender a ochenta o noventa pacientes. 

Pasaba consulta sola, sin ayuda de ningún otro profesional, salvo una enfermera, compartida con adultos, que podía participar solo en las revisiones programadas. No sé si podéis imaginar una consulta de pediatría invernal. Niños envueltos en mil capas, como cebollas, a los que hay que desnudar para poder explorar adecuadamente. No sé si imagináis el tiempo que solo este hecho supone. La consulta era muy intensa, niños sanos, niños enfermos, niños con enfermedades crónicas, padres o abuelos preocupados buscando remedio a los inasequibles virus o a las agresivas bacterias. Problemas sociales, dificultades económicas, muerte de familiares, separaciones, suspensos, contrariedades de todo tipo y no solo obstáculos meramente físicos, se planteaban en mi consulta. Y cada mañana buscaba la manera de escuchar a todos los niños y a sus familiares sin perder el ánimo e intentando resolver de alguna manera sus cuestiones. Ellos confiaban en mí. Yo me sentía con el compromiso de solucionar sus problemas.

Confieso haber sentido angustia en el coche de camino al consultorio solo de pensar en el listado de pacientes que ese día tendría que atender. Confieso haberme quedado muchas veces intranquila con algún niño al que no pude dedicar todo el tiempo que habría querido o requerido. Confieso que no abandoné mi trabajo porque era un horario de mañana con fines de semana libres y me venía muy bien para cuidar a mis hijos (la famosa conciliación familiar). 

Veinte años después nada ha cambiado. Ha empeorado. Veinte años después, las agendas en Atención Primaria siguen siendo inhumanas. Las citas se demoran cada vez más y el tiempo para atender a cada niño es cada vez menor.  Los problemas psicológicos de padres e hijos se han multiplicado de manera muy alarmante (podéis leer la columna Salud Mental Infantil de agosto) y las enfermedades siguen siendo las mismas que siempre, pero adornadas (o mejor dicho agravadas) con la pandemia por SARS-CoV2.

Todos los trabajadores de la Atención Primaria de nuestro país están sufriendo en directo el hundimiento de lo que siempre fue la base y el cimiento de nuestra Sanidad Pública. Contar con un buen Médico de Familia (con mayúsculas, sí) o con un buen Pediatra, contar con una buena Enfermera de Atención Primaria, con tiempo para desarrollar bien su trabajo, con buenas condiciones laborales, solucionaría probablemente el 90% o 95% de los problemas que aquejan los pacientes. Problemas que se dispersan entre demoras esperando ser atendidos por el especialista médico o por el psicólogo clínico. 

Debemos ser conscientes de la gran pérdida que estamos sufriendo. Debemos luchar por no perder nuestra Atención Primaria. No dejemos que los políticos pongan precio a nuestras enfermedades. Sin Atención Primaria no hay base para una buena Sanidad Pública, sin Sanidad Pública nuestra calidad de vida se verá mermada de una manera que quizá muchas personas hoy, no alcancen ni a sospechar. 


NOVIEMBRE  2021

MEDICINA A GOLPE DE SENTENCIA

La carrera de juez en nuestro país es una apuesta complicada. Exige no solo superar la carrera de Derecho, sino también pasar un durísimo examen para el que habitualmente los aspirantes dedican varios años de preparación sin tener la certeza, claro está, de poder superarlo. Es necesaria una preparación muy específica para realizar una tarea tan exquisita como es la de juzgar a una persona aplicando la ley. Yo, licenciada en medicina y cirugía y especialista en pediatría y neonatología no me veo en ningún caso preparada para tomar decisiones que impliquen interpretar una ley y dictar una sentencia. Ser médico en España tampoco es tarea fácil. No solo debes sacar la mejor nota en selectividad, sino superar seis años de duros exámenes y prácticas. Después debes presentarte a un examen a nivel nacional para poder realizar la especialidad que deseas hacer. Dicho examen te permite, según la nota que obtengas, ser médico interno residente (MIR) durante 4 o 5 años según la especialidad que elijas. Los años de residencia son unos años de durísimo trabajo, estudio y compromiso con los distintos servicios de salud y, por supuesto, con los enfermos. Pero en ningún caso, superar el período de residente te garantiza un puesto de trabajo: para eso tendrás que presentarte a una oposición y aprobarla. 

A lo mejor os preguntáis por qué os cuento esto. Es sencillo. Todavía no doy crédito a que en nuestro país un juez pueda ordenar un tratamiento médico. Un juez cuya preparación en leyes es exquisita, pero cuyo conocimiento de la medicina, de sus evidencias científicas y de sus enormes dificultades es nula. 

Un médico estudia desde el primer día de su carrera y no deja de hacerlo hasta el final de su vida profesional. Visita constantemente páginas y revistas científicas de gran impacto e intenta estar siempre actualizado en su especialidad. Aun así, muchos casos clínicos han de debatirse entre distintos especialistas y es muy complicado llegar a un consenso y a una decisión sobre el tratamiento a seguir. Por eso me llama poderosamente la atención que un juez pueda tomar una decisión que exige, no solo ciencia, sino también experiencia, para tomarla. 

No es un buen camino ejercer la medicina a golpe de sentencia. No es un buen camino obviar a los profesionales expertos y obligarles a llevar a cabo una actuación médica por encima de su criterio. 

No puedo imaginarme la impotencia e indignación de los médicos a los que se les obligó a tratar con ozonoterapia a un paciente a solicitud de su familia. Es un hecho tan increíble que me hace temer por el futuro de la medicina actual. No solo se desacredita a los profesionales, sino que se les manipula legalmente. 

Como pediatra, en numerosas ocasiones, doy parte al juzgado de guardia por una sospecha de maltrato sobre un niño. A veces incluso cuento con numerosos testimonios y datos para juzgar esa situación. Sin embargo, en ningún caso, en ninguno, se me ocurriría ejercer de juez y condenar a alguien. Dejo siempre que la ley la aplique quien está preparado para ello. Respeto su espacio.

¿Qué tipo de atropello supone que alguien ajeno a la medicina obvie las opiniones de los profesionales e imponga un tratamiento? ¿Va a hacerse cargo ese juez de las posibles complicaciones? ¿Va a seguir dictando sucesivas sentencias según las peticiones de los familiares? Me pregunto hasta dónde debemos aguantar este tipo de decisiones irresponsables y de consecuencias en absoluto calculadas. 


OCTUBRE  2021

HUMANIZAR, EL TÉRMINO MEDIO

Como bien decía Aristóteles “En el término medio está la virtud”. Ni está bien que en la habitación de un enfermo hospitalizado se acumulen un montón de personas, ni podemos permitir que no haya ningún acompañante. No podemos pasar de que los pasillos de un hospital sean como la Gran Vía en sábado por la tarde, a que sean como los pasillos de un tétrico cementerio de noche. 

Los enfermos son personas, pero personas vulnerables, en ocasiones muy mayores, con temores, con angustias, con necesidad de tener una mano querida cerca. Todos los profesionales sanitarios, todos y de todas las categorías, se han esforzado de manera sobrehumana durante la pandemia Covid19 para que los enfermos ingresados, en la más absoluta soledad, pudieran sentir la cercanía de sus familiares, transmitiéndoles sus mensajes o haciendo llamadas o videollamadas o entregando cartas, por ejemplo. Pero eso no es suficiente. La soledad del enfermo, sobre todo la soledad del enfermo anciano o del enfermo de cierta gravedad, es inhumana. Tengo grabadas muchas de sus  miradas, llenas de preguntas, llenas de incertidumbre y miedo que no encontraban consuelo en los ojos ajenos que intentaban tranquilizarles. 

Creo que es posible, aun en pandemia, establecer un programa de acompañantes con un control riguroso y ciertas normas de seguridad de obligado cumplimiento, que permitieran que acabara ya y de manera urgente, la soledad de los enfermos hospitalizados. 

He visto a mi padre llegar a la planta de cirugía para ingresar y recibir información sobre la ropa que debe ponerse, dónde debe guardar sus objetos personales, dónde está la luz, el timbre, etc. y he podido comprobar la sensación de indefensión e inseguridad que le embargó. Apenas se enteró de nada. Despojarse de la ropa, ponerse ese camisón que todos conocemos hospitalario, meterse en la cama, dejar que tu cuerpo sea monitorizado y pinchado, en el contexto de una enfermedad en muchas ocasiones grave o de pronóstico infausto, es simplemente como he dicho antes, inhumano. 

Creo que es hora de humanizar la hospitalización en la práctica y no sobre el papel. Creo que es hora ya de facilitar que permanezcan juntos los enfermos y sus familias en los momentos que más se necesitan mutuamente. 


SEPTIEMBRE  2021

¿ATENCIÓN TEMPRANA o ABANDONO TEMPRANO?

¿Conocen ustedes la Atención Temprana? Por si acaso no lo saben, les aclaro que se trata de un conjunto de intervenciones destinadas a favorecer el óptimo desarrollo y la máxima autonomía personal de los menores de seis años con trastornos en su desarrollo, o en situación de riesgo de padecerlos. Su objetivo es minimizar y, en su caso, eliminar los efectos de una alteración o discapacidad, así como la aparición de discapacidades añadidas, facilitando la plena inclusión familiar, escolar y social y la calidad de vida del menor y su familia.  

Me llama la atención y me preocupa ese límite marcado a los seis años. ¿Qué parámetro se ha tenido en cuenta para fijar esta edad? ¿Acaso a partir de los seis años ya no tiene importancia lo que ocurra?

Además, hay muchos niños susceptibles de necesitar Atención Temprana: por poner un ejemplo sencillo, puedo hablar de los grandes prematuros. Cada día las Unidades Neonatales están mejor preparadas para atender a estos niños, muchos con un peso menor de quinientos gramos, y disponen de tecnologías y personal altamente especializado para ofrecer los mejores servicios a estas familias. Niños con tremendas complicaciones durante las primeras semanas de su vida que salen adelante gracias a profesionales de un nivel inimaginable. Nadie parece haber caído en la cuenta de todo lo que se invierte en salvar a estos niños y del coste económico y humano que supone. Muchos de ellos tienen secuelas, tienen graves alteraciones del neurodesarrollo y necesitan seguimiento y atención multidisciplinar cuando salen del hospital. No necesitan solo a un pediatra que les recete paracetamol cuando tengan fiebre: necesitan a multitud de especialistas que configuran la Atención Temprana, y de ello dependerá que evolucionen de una manera favorable o que tengan muchísimas más dificultades el resto de su vida de las que han tenido hasta el momento del alta. Del mismo modo que los grandes prematuros, muchos niños, con otros tipos de patologías muy diversas y a veces muy desconocidas, precisan de manera urgente este apoyo.  En el caso de la Comunidad de Madrid la Atención Temprana sufre un embudo (ya existente antes de la pandemia por SARS-CoV2) llamado CRECOVI (Centro Regional de Coordinación y Valoración Infantil). La demora en ser atendidos resulta muy preocupante dada la importancia que tiene que la atención sea lo más precoz posible. Nuestros niños reciben millones de cuidados al nacer para luego ser abandonados en la más absoluta desidia. ¿Alguien imagina una cirugía de rodilla sin rehabilitación, o una cirugía ocular sin revisiones, o un trasplante de un órgano sin medicación, o con medicación solo hasta cierta edad? Entonces, ¿por qué abandonamos a los niños que necesitan Atención Temprana, condenándolos a secuelas irreversibles? 

No parece tolerable el abandono de los niños con necesidades especiales por parte de los servicios públicos de salud. No parece tolerable que todo dependa del nivel adquisitivo de los padres para que puedan buscar soluciones alternativas. Debería ser una prioridad en cualquier programa político… y de momento solo hay vacío. 


AGOSTO  2021

SALUD MENTAL INFANTIL

En todos los entornos pediátricos ha saltado una alerta que venía asomando de manera tímida desde hace unos años: la patología psiquiátrica en los niños. Cada vez son más frecuentes las consultas en las urgencias infantiles de patologías no exactamente orgánicas. A veces los pediatras bromeamos y pensamos que vamos a tener que cambiar los libros de texto, porque, así como casi han desaparecido, gracias a las vacunas, enfermedades que no hace muchos años podían ser mortales, han aparecido otra serie de patologías de la esfera psicosocial y psiquiátrica que nos tienen muy preocupados y sobre las que tenemos muchos menos conocimientos. Los pediatras somos esos especialistas que podemos atender a un recién nacido prematuro de 500 gramos o a un adolescente de 90 kg pasando por todas las demás edades con sus diferentes pesos y características madurativas y con sus infinitas patologías según la edad. Los pediatras contamos con una gran capacidad de comprensión con los problemas típicos de cada edad y una gran capacidad de escucha con los niños, pero no somos especialistas en salud mental. Cada vez necesitamos más ayuda de los psicólogos clínicos y psiquiatras infantiles para enfocar y tratar a estos pequeños. También necesitamos cada vez más, ingresar a estos niños en servicios especializados. Por si no lo saben, hay una gran falta de estos servicios. Los niños y adolescentes con problemas de autoestima, con intentos autolíticos reales, con adicción a juegos y teléfonos móviles, con ansiedad, con problemas de control de emociones, con problemas de agresividad, depresión y un largo etc. van multiplicándose sin que exista una cobertura suficiente dentro de nuestro sistema sanitario. Muchos de estos niños esperan días y días en los servicios de urgencias de hospitales comarcales a que quede una habitación libre en los Servicios de Psiquiatría Infantil de Madrid.

Qué está pasando para que esto suceda sería muy largo y complejo de explicar y además, lo haría mucho mejor un especialista en salud mental infanto-juvenil. Por hace una breve reflexión, en mi opinión, multitud de factores, muchos de ellos sociales y familiares, están afectando de manera muy preocupante al desarrollo madurativo de nuestros niños. El acceso libre y demasiado temprano a las redes sociales y sus contenidos del todo inadecuados para algunas edades, también son una causa del aumento de este tipo de patología. También creo que debemos replantearnos la educación de nuestros hijos, enseñarles el valor del esfuerzo, enseñarles a no quitarse una medalla cuando ésta no sea la de oro, enseñarles a aceptar sus imperfecciones físicas o de otro tipo. Enseñarles en resumen que la vida tiene baches y dificultades y que no es solo lo que asoma en los perfiles de Instagram de sus amigos virtuales. 


JULIO  2021

¿EDUCAMOS?

Si buscas en la RAE la palabra educar, puedes encontrar entre otras definiciones, dirigir, encaminar, enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía etc. 

No es extraño en los tiempos que corren que un joven (adolescente o no), no se levante para ceder el asiento en el tren o en el autobús a una persona mayor o a una embarazada, o que no sujete una puerta para ceder el paso a un anciano o que no salude al cruzarte en el portal o cualquier otro tipo de detalle de civismo similar. No es extraño que ni se les pase por la cabeza. Entonces criticamos abiertamente a estos jóvenes tan mal educados sin darnos cuenta de que les hemos educado nosotros, sus padres. Cada vez es más frecuente la situación de niño tirano en la calle, en la escuela, en la consulta. Ese niño carente de todo tipo de límites que grita y es capaz de montar la pataleta del siglo si no consigue de manera inmediata lo que quiere. Cada vez es más frecuente que los planes de los adultos se hagan en función de lo que desean (o exigen) los niños, no salimos que el niño hoy no quiere, por ejemplo, o he hecho sopa porque el niño no quiere otra cosa. ¿Qué estamos haciendo? ¿Acaso no nos damos cuenta de que la educación de nuestros hijos es responsabilidad fundamental de los padres, que somos nosotros los que tenemos que pulir el diamante en bruto que mecemos en nuestros brazos al nacer, que somos nosotros los que tenemos que elegir los límites que queremos ponerles y que sean impenetrables para dotarles de la fortaleza mental suficiente para encarar las distintas situaciones de la vida? ¿Acaso no vemos que cada acto tiene una consecuencia? 

 Eduquemos a pesar de que la educación es siempre sinónimo de conflicto con ellos. Enfrentemos cada reto con nuestros hijos pequeños como si se tratara de administrar un medicamento: es necesario para mi hijo que se tome este jarabe y se lo doy, aunque no le guste. Administrémosles el jarabe amargo de los límites y que sepan desde su más tierna niñez que hay cosas que no pueden hacer, o tocar, o ver, o leer, etc. Que conozcan y practiquen el civismo como actividad extraescolar obligatoria.