MUJERES INFLUYENTES DE ALCALÁ
Visibilizar a las mujeres que han tenido que ver con la historia de Alcalá de Henares es un objetivo prioritario desde hace tiempo en nuestra ciudad. En Lux Moments queremos además alzar las voces de las mujeres contemporáneas que destacan por su gran labor. Próximamente iremos publicando sus artículos de opinión que generosamente ceden a este medio de comunicación, lo que les agradecemos de corazón
Sonia Pérez Díaz

Es profesora de Física y Matemáticas de la Universidad de Alcalá desde que se licenció en ella en 1998. Actualmente es la primera Profesora Catedrática en el Área de la Matemática Aplicada en la UAH..
Es la primera mujer matemática que ha ganado el Award for International Scientific Cooperation de la Chinese Academy of Sciences, galardón que se entrega a prestigiosos científicos internacionales. También forma parte del prestigioso proyecto MTM donde están involucradas varias universidades: la de Alcalá, Cantabria, Cunef, Nebrija, Extremadura, Murcia y Vigo.
JUNIO 2022
A MI MAESTRO
Esta vez, me permito el lujo que me rinde LuxMoments para dedicar unas líneas a mi maestro y en general a todos los maestros. En Matemáticas, en Física, en cualquier disciplina, siempre existe un maestro y si al principio de nuestra carrera tenemos la suerte de encontrarnos con uno de ellos tendremos mucho camino avanzado hacia la cima, hacia la realización de nuestros sueños.
Un maestro, un guía, es alguien que posee una combinación única de cualidades y habilidades. Este profesor no solo es experto en su campo de conocimiento, sino que también es capaz de transmitir ese conocimiento de una manera efectiva y compasiva. Un maestro así va más allá de la simple tarea de enseñar y se convierte en un mentor y figura paterna para sus alumnos.
Un buen maestro se preocupa profundamente por el bienestar de sus estudiantes. Ve más allá de su papel como educador y se involucra emocionalmente en la vida de sus alumnos. Escucha activamente, muestra empatía y comprensión, y se preocupa por sus problemas y desafíos. Este tipo de maestro tiene la habilidad de hacer que los estudiantes se sientan valorados y apoyados.
Un buen maestro posee un alto nivel de conocimiento en su área de especialización. Está bien preparado y actualizado en su campo, lo que le permite transmitir de manera clara y efectiva los conceptos y habilidades necesarios para el aprendizaje. También es capaz de adaptar su enseñanza a las necesidades individuales de cada estudiante, utilizando diferentes enfoques y estrategias para garantizar la comprensión y el progreso de todos.
La paciencia es otra característica esencial de un maestro excepcional. Reconoce que cada estudiante tiene su propio ritmo de aprendizaje y está dispuesto a brindar el apoyo necesario para que cada uno alcance su máximo potencial. Este tipo de maestro no se frustra fácilmente cuando un estudiante no comprende algo, sino que se dedica a encontrar nuevas formas de explicar y motivar.
La relación entre el maestro y el estudiante también se basa en el respeto mutuo. Un buen maestro respeta la diversidad de opiniones y perspectivas, fomentando un ambiente de diálogo abierto y constructivo, enseñando a los estudiantes el valor de tratar a los demás con cortesía y consideración.
La generosidad es otra cualidad que define a un maestro que se convierte en un padre. Va más allá de su tiempo y conocimiento para brindar apoyo adicional a sus estudiantes. Está dispuesto a escuchar y aconsejar, y se preocupa por el desarrollo integral de cada alumno, no solo en términos académicos, sino también en su crecimiento personal y emocional.
En resumen, un maestro, mi maestro, siempre fue más allá de la enseñanza convencional y se convirtió en una figura paternal para mí. Sus conocimientos sólidos en el campo de las Matemáticas, su paciencia, su respeto y generosidad hicieron de mi la persona en la que me he convertido. Mi maestro, mi amigo, mi padre profesional deja una huella en mi impagable, porque confió en mí, creyó en mi conduciéndome hacia el crecimiento y el éxito personal.
Gracias, muchas gracias, Prof. Rafael Sendra.
DICIEMBRE 2022
SOBRE LOS PROFESORES DE MATEMÁTICAS
Mucho se ha hablado sobre cómo enseñar adecuadamente las matemáticas y sobre el papel fundamental que juega en ello el profesor.
Siempre hemos considerado —y yo misma he predicado hasta la saciedad— que el disfrute por las matemáticas, el entenderlas más allá de lo que es mera técnica, el sentir el poder de esta disciplina y su papel esencial en la formación de un ciudadano con espíritu crítico, está muy condicionado a la manera en que se transmiten, al profesor, a la motivación y aplicabilidad de las matemáticas no solo al mundo real sino a cualquier otra disciplina.
Es por ello por lo que siempre se ha defendido que el profesor tiene que hacer un esfuerzo para transmitir adecuadamente las matemáticas, para enganchar al alumno, para motivarlo, y para que esa sensación de no poder con las matemáticas se transforme, aunque sea ligeramente, en, como diría un alumno, «algo que no está tan mal y no es tan horrible».
Se insiste mucho en la nefasta influencia que un mal profesor de matemáticas podría tener en la motivación de sus alumnos; pero injustamente no se suele hablar mucho de la parte de culpa que pueda tener el alumnado. Es verdad que las matemáticas son bonitas, útiles, y apasionantes; pero obviamente no tienen, de entrada, el poder de atracción de Tik Tok o de un videojuego, que han sido diseñados con la intención de ofrecer un estímulo de recompensa inmediato y de ser altamente adictivos.
Así es que no se habla tanto de esa segunda parte de la ecuación, que es el alumno. No se habla de ese profesor que, a pesar de esforzarse, a pesar de transmitir o de intentar buscar incansablemente una aplicabilidad y una motivación de esta disciplina, no lo consigue. ¿Qué sucede si este profesor se encuentra con ese grupo de alumnos que realmente se niega a darle una oportunidad a las matemáticas? Desgraciadamente, esto sucede más habitualmente de lo que nos gustaría y, de hecho, más de lo que se cree.
Hoy en día, hay muchos profesores en nuestras aulas que comienzan con ilusión un curso, se preparan materiales, se proponen retos, buscan motivación, buscan aplicabilidad, y se presentan a los alumnos como aquel guía cuyo objetivo es hacerles sentir la belleza de las matemáticas. Sin embargo, según va pasando el curso, nada funciona, el alumno se muestra apático, no tiene interés por encontrar la aplicabilidad de esta disciplina; sólo quiere que el curso acabe y aprobar la asignatura. Estos alumnos también existen, sí, y estos alumnos influyen negativamente en la labor del profesor.
Ese profesor que un día empezó lleno de ilusión va sintiéndose cada vez más cansado sin un feedback que, de manera análoga al estudiante, también necesita. Así que esas ilusiones de principio de curso empiezan a desaparecer y el profesor corre el riesgo de convertirse en ese autómata que termina yendo a clase porque es lo que aparece en el horario.
Afortunadamente, siempre quedan aquellos alumnos por los que sí merece la pena enseñar, aquellos que se dejan motivar y guiar, pero el impulso inicial deja de ser tan intenso como lo era en un primer estadio. La frustración también embarga al profesor que se encuentra en un aula en el que la inmensa mayoría ha decidido no darse, no darle, esa oportunidad.
“Las matemáticas son la musa de la razón.” J.J. Sylvester.
OCTUBRE 2022
SE BUSCAN PROFESORES DE MATEMÁTICAS
Últimamente nos estamos haciendo eco de un problema que parece que se está volviendo dramático, la falta de profesores de Matemáticas. Ya no hablamos de la escasez de mujeres en la ciencia, sino que el problema es mucho mas grave y es que no hay profesores de Matemáticas y no solo en los institutos, sino que en la propia universidad lo estamos viendo diariamente.
Y recurrimos a otras disciplinas afines que, sin ser la panacea, al menos sí parece que por el momento existan algunos docentes más.
¿Y qué está pasando? ¿ser profesor de matemáticas es una mala profesión? No, ni muchísimo menos, rotundamente y categóricamente no. Yo, personalmente, no cambiaría mi trabajo por nada del mundo, pero sí es cierto que llegar hasta aquí, en concreto en la universidad, es duro, difícil y largo en el tiempo. En un instituto la distancia puede acortarse, pero ¿merece la pena ser profesor cuando empresas de distinta índole contratan a recién egresados con un sueldo a la altura, o superior, de lo que se gana en un instituto o en una universidad?
Ese es, para mí, el punto clave. Un alumno que está acabando, por ejemplo, el grado de Matemáticas, se encuentra con tres posibilidades. Entrar a una empresa que le ofrece grandes posibilidades de futuro con un sueldo elevado, irse a la universidad con una beca de apenas mil euros en el mejor de los casos o ponerse a estudiar oposiciones en el caso de un instituto.
Aquellos egresados que eligen la segunda o la tercera opción son porque tienen verdadera vocación docente o investigadora y cuando eligen saben que se van a sacrificar años para alcanzar el objetivo y que, a corto plazo, tendrán más de lo que llevan haciendo en los últimos años, estudiar con pocas o nulas posibilidades de ingresos económicos.
He de decir, que he visto casos que incluso habiendo elegido esta opción renuncian a ella pasado un tiempo. Ver a tus conocidos, amigos, empezar a ganar dinero, vivir más desahogadamente e independientemente de los padres, plantearse un futuro y en el fondo, vivir, no es nada fácil.
Así dicho, ¿qué harían ustedes?
«La vida es buena por sólo dos cosas, descubrir y enseñar las matemáticas»
Simeon Poisson
JUNIO 2022
Un décimo para el sorteo de Navidad en mi lugar de vacaciones
Hoy hablaremos de lotería y, aunque aún queda mucho para el famoso sorteo de Navidad, ¿quién de nosotros no se resiste a comprar un décimo en nuestro destino vacacional por aquello del «…y si cae aquí el gordo»?
El sorteo de la Lotería Nacional se remonta al reinado de Carlos III, cuando el Marqués de Esquilache, al frente de la Hacienda Real y bajo un clima inhóspito para la corona, ideó el sorteo de la Lotería como una manera de aumentar la recaudación pública.
¿Y cómo es el sorteo de la lotería actualmente? Veamos primero los datos: Dentro del bombo hay 100.000 números y de cada número se imprimen 172 series de 10 décimos cada una. Cada décimo cuesta 20 euros y, en el mejor de los casos, 15.304 números tendrán premio (es decir, 15 de cada 100). Teniendo en cuenta que con el reintegro tan solo se recupera el gasto, en realidad solo 5.305 de esos números (es decir, 5 de cada 100) son con los que realmente podríamos ganar dinero.
La probabilidad de ganar el gordo es pequeñísima, de hecho, como les digo a mis alumnos que me preguntan incansablemente durante diciembre, es más probable tirar una moneda y que nos salgan 16 caras de forma consecutiva.
Dicho todo lo anterior, ¿aún debemos acudir a una administración en concreto o a esa ciudad donde siempre toca para tener más éxito en nuestros propósitos de ser ricos? Ya les adelanto que la probabilidad de perder será exactamente la misma. Para entender esta afirmación, pongamos un ejemplo extremo. Imaginemos que existiese una sola administración que comprase la totalidad de los décimos, y por tanto vendiese la totalidad de los premios. Si su probabilidad de ganar se incrementase cuantos más premios vendiese, todo el mundo tendría premio asegurado. Sin embargo, solo 15.304 de los números seguirán teniendo un premio asignado ya que, claramente, la probabilidad de premio permanece inmutable.
Asimismo, no debemos creer en esas personas que comparten métodos únicos para ganar, ni siquiera mis alumnos deberían creer en mí cuando les digo que las matemáticas pueden hacernos ricos. Y es que la mejor apuesta es la que no se realiza. Al ser un juego de azar, en el que cada resultado es equiprobable, las probabilidades de perder son las mismas, optemos por el número que optemos. Es alrededor de esta última premisa sobre la que versan varios de los bulos y en concreto esos que hablan de una memoria de los números premiados en el pasado (falacia del apostante). Al igual que la probabilidad de salir cara al tirar una moneda es del 50 %, independientemente del número de caras que hayan salido antes, la probabilidad de todos los números es exactamente la misma, 1 de cada 100.000.
Y, sí. A pesar de todos estos números indiscutibles y la probabilidad más descarnada, yo también acabaré comprando un décimo para el sorteo de Navidad en mi lugar de vacaciones, o en mi lugar de trabajo, o en ambos. Por si acaso. Por lo que todos al final picamos. Pero la decisión tiene que ver más con la psicología que con otra cosa («no sea que fulanito se haga millonario y yo no»). Sin embargo, la probabilidad afirma que la mejor forma de no perder dinero es sencillamente no participar. Entre los entendidos en finanzas, circula el dicho de que la lotería es el impuesto de los pobres.
Las matemáticas son un lugar donde puedes hacer cosas que no puedes hacer en el mundo real. – Marcus du Sautoy
ABRIL 2022
Una charla de matemáticas
En los últimos meses he estado dando charlas en institutos de secundaria. Me llamaban para ir a contar a los estudiantes cosas sobre las matemáticas, aspectos que les motivasen y que les hicieran ver “lo bonitas que son”. Fue realmente difícil estructurar dichas charlas y decidir que contaba. Según la edad, según el curso, según el instituto, según el alumnado y la rama elegida, las matemáticas son unas u otras y también la motivación del estudiante puede ser totalmente distinta. Podía pecar de ser aburrida, o de ser demasiado pesada, o de hablar a un nivel muy alto, o a un nivel demasiado bajo que convirtiera la charla en tediosa.
Tal fueron mis disquisiciones que iba de uno a otro lado con una agenda apuntando ideas que me pudiesen servirme. Llegué incluso a plantearme si realmente era la indicada para dar este tipo de charlas.
Pero finalmente, después de mucho cavilar, decidí ser yo y hablarles de mí. En realidad, si en mi etapa de bachillerato hubiera venido alguien a hablarme de matemáticas y de lo “bonitas y útiles que son” creo que no me hubiera interesado lo más mínimo, ni hubiera atraído en absoluto mi atención. Por ello opté por contar un caso real, un caso real en el que finalmente de lo que hablaba era de la vida. Y es que, al fin y al cabo, ¿no son las matemáticas vida y la vida matemáticas?
Y aquí no puedo extenderme tanto, pero les hablé desde ese último día de colegio en el que una profesora, mi tutora, me dijo que no tuviera grandes pretensiones en la vida porque me iba a frustrar y vivir amargada, hasta hoy, el día en que por fin he conseguido mi sueño y me he convertido en Catedrática de Universidad. Les hablé de este camino que me llevó desde un punto inicial, A, a un punto final, B, y como la curva que describe dicho camino no es una línea recta (aunque lo parezca porque hablo exclusivamente de dos puntos y dos puntos definen una única recta). Pero dos puntos forman parte de una infinidad de curvas distintas que los contienen y que también permiten viajar desde el punto A al punto B. Y esta curva es la vida, la vida que te hace descubrir poco a poco tus objetivos, tu pasión por las Matemáticas o por los estudios sobre Asia Oriental, da igual. Y es que en el fondo no importa, porque lo que realmente importa es disfrutar del presente con todo lo que aprendemos y vivimos. Porque este presente es el que nos está haciendo personas y es el que nos conduce a un gran futuro si hacemos aquello que realmente nos motiva y nos hace sentirnos útiles. El presente, para muchos alumnos, está plagado de rutinas a las que no ven un sentido. Sin embargo, esas rutinas, igual que les decía a mis oyentes, les está formando como personas y en una de ellas estará su camino.
Ellos se afanaban en preguntar cómo saber cuál de todas esas rutinas es en la que está su futuro. Mi respuesta es siempre la misma. Uno va construyendo el camino muy despacio, casi sin darse cuenta y mediante un conjunto de pequeñas elecciones cuyo común denominador es elegir aquello que te hace disfrutar. En mi caso, ese pequeño conjunto de elecciones me condujo a las matemáticas, y esas rutinas sin sentido aparente que estudiaba en el instituto me hicieron la persona que soy hoy.
Insistí en que hay que arriesgar, ser valiente, porque esa curva de la que hablaba anteriormente tiene pendientes muy pronunciadas, puntos singulares y puntos aislados y hay que saber cómo abordarlos. A veces hay que intentar zafarse de ellos, saltar sobre ellos, otras veces buscar una curva alternativa, pero siempre seguir adelante.
En definitiva, y por no alargarme más, mi historia como la de otros muchos investigadores, profesores y en definitiva, profesionales de cualquier ámbito, es la mejor manera de ilustrar la pasión por una determinada disciplina y la capacidad que tiene el ser humano de sobreponerse, seguir y buscar su sitio.
-Las matemáticas son la música de la razón.-James Joseph Sylvester.
FEBRERO 2022
Una historia de fracciones
Esta vez traigo una historia matemática que, aunque no es mía, yo la utilizo con asiduidad con mis estudiantes. Las posibles moralejas son diversas, pero en estos tiempos que corren, me inclino con la siguiente: ante los conflictos que pueden surgir en la vida, conviene preguntarse la manera de añadir valor y colaborar entre las partes, antes de centrarse en resolver sólo en lo que nos ha tocado. Para ello, entre otras cosas, ¡siempre podemos recurrir a las matemáticas!
«Cerca de un viejo albergue de caravanas medio abandonado en pleno desierto, había tres hombres que discutían acaloradamente junto a unos camellos.
Entre gritos e improperios, en plena discusión, se oían exclamaciones:
– ¡Qué no puede ser!
– ¡Es un robo!
– ¡Pues yo no estoy de acuerdo!
En ese instante, pasó por allí el inteligente Beremiz, gran instructor de un pueblo cercano, y procuró informarse de lo que discutían.
– Somos hermanos, explicó el más viejo, y recibimos como herencia esos 35 camellos. Según la voluntad expresa de mi padre, me corresponde la mitad, a mi hermano Hamed una tercera parte y a Harim, el más joven, sólo una novena parte. No sabemos, sin embargo, cómo efectuar la partición y a cada reparto propuesto por uno de nosotros sigue la negativa de los otros dos. Ninguna de las particiones ensayadas hasta el momento nos ha ofrecido un resultado aceptable. Si la mitad de 35 es 17 y medio, si la tercera parte y también la novena de dicha cantidad tampoco son exactas ¿cómo proceder a tal partición?
– Muy sencillo, dijo Beremiz. Yo me comprometo a hacer con justicia ese reparto, más antes permítanme que una a esos 35 camellos de la herencia este espléndido animal que yo mismo utilizo para mis desplazamientos.
En este punto intervine el hermano mayor en la cuestión:
– ¿Cómo voy a permitir semejante locura? ¿Cómo va a seguir el viaje si se queda sin el camello?
– No te preocupes dijo Beremiz. Sé muy bien lo que estoy haciendo.
De esta manera, ese camello pasó a formar parte de la herencia que debía ser repartida entre los tres herederos.
– Amigos míos, dijo, voy a hacer la división justa y exacta de los camellos, que como ahora ven son 36.
Y volviéndose hacia el más viejo de los hermanos, habló así:
– Tendrías que recibir, amigo mío, la mitad de 35, esto es: 17 y medio. Pues bien, recibirás la mitad de 36 y, por tanto, 18. Nada tienes que reclamar puesto que sales ganando con esta división.
Y dirigiéndose al segundo heredero, continuó:
– Y tú, Hamed, tendrías que recibir un tercio de 35, es decir 11 y poco más. Recibirás un tercio de 36, esto es, 12. No podrás protestar, pues también tú sales ganando en la división.
Y, por fin, dijo al más joven:
– Y tú, joven Harim, según la última voluntad de tu padre, tendrías que recibir una novena parte de 35, o sea 3 camellos y parte del otro. Sin embargo, te daré la novena parte de 36, o sea, 4. Tu ganancia será también notable y bien podrás agradecerme el resultado.
Y concluyó con la mayor seguridad:
– Por esta ventajosa división que a todos ha favorecido, corresponden 18 camellos al primero, 12 al segundo y 4 al tercero, lo que da un resultado – 18+12+4 – de 34 camellos. De los 36 camellos sobran por tanto dos. Uno, como saben, es el que me pertenece y otro es justo que me corresponda, por haber resuelto a satisfacción de todos el complicado problema de la herencia.
– Eres inteligente, exclamó el más viejo de los tres hermanos, y aceptamos tu división con la seguridad de que fue hecha con justicia y equidad.»
¿Sabrías decir dónde está la clave de esta historia?
En la vida real, te lo aseguro, no hay algo como el álgebra. – Fran Lebowitz
Diciembre 2021
LAS MATEMÁTICAS SE ENSEÑAN MAL
Definitivamente y rotundamente las matemáticas se enseñan mal. Desde primaria, desde los primeros cursos, donde debe ser esencial asentar unas bases motivadoras y sólidas. Es a partir de ahí donde se deben empezar a construir, son los cimientos, la predisposición para la comprensión y aceptación de las matemáticas y me atrevería a decir que de cualquier otra disciplina.
Y voy a poner un ejemplo cercano, muy cercano, que estoy viviendo en primera persona. Situémonos en primero de primaria y abramos un libro grande donde se entremezclan por páginas las matemáticas, la lectura y la escritura. Hasta ahí todo normal, me parece bien que el niño vaya descubriendo distintas cosas cada día y que todas ellas estén entremezcladas. Pero, vayámonos a las páginas de las matemáticas. Lo primero que vemos son páginas y páginas de sumas con cantidades de una cifra, poco después restas, pero todo ello sin un contexto motivador, como lo llamo yo, sin color. Sin embargo, lo peor viene después porque de repente y poco después aparecen unas barritas de color rojo que se llaman D (cada barrita representa la decena) y puntitos azules cada uno de los cuales se llaman U (cada puntito representa la unidad). Con estas barritas y los puntitos se introducen cantidades de dos cifras que a su vez van asociadas a una especie de tabla como la que se muestra a continuación:


Todo esto en un contexto de juego puede resultar atractivo al alumno. Sin embargo, vamos a suponer que lo que se le transmite a ese pequeño que sólo tiene 6 años, es que la cifra que está a la derecha de esa cantidad “gorda” con dos números se representa puntos y que debe colocarse en la columna de la U. A su vez la cifra que está a la izquierda (lo que ellos llaman el primer número de la cantidad “gorda”) se representa con barritas y debe colocarse en la columna de la D. Por si todo esto fuera poco y casi en la misma página y de la misma manera, gris, sin un contexto, vamos a juntar barritas con barritas y puntitos con puntitos si “sumamos” (no se sabe muy bien que es sumar). Ya que estamos, poco después, se considera que es el momento oportuno para restar, quitando las barritas y los puntitos de un conjunto previo que representa el primer número “gordo”.
¿Podemos imaginarnos como puede tener ese niño la cabeza, después de dos semanas, con tres días a la semana, aprendiendo barritas y puntitos, columnas que se llaman D y otras que se llaman U, juntando barritas y puntitos, o quitándolos?
Esto es lo que estoy viviendo en primera persona y les resumo el resultado. No solo el niño tiene un lio mental considerable en su cabeza, sino que encima, y lo que es peor, es que cuando se lo intentamos explicar, de otra manera, en un contexto, como un juego, le cuesta ponerse, darlo una oportunidad. No confía en que ese conjunto de cosas raras pueda ser bonito, interesante, divertido. Le ha cogido respeto, miedo diría yo, y ahora tenemos dos problemas: enseñarle bien, y quitarle esa predisposición que ya ha adquirido en solo dos semanas de que las matemáticas, los signos de + y -, son absolutamente incomprensibles, como un puzzle en el que faltan piezas y con el que por mucho que lo intentes, jamás podrás ver el resultado final.
“La esencia de las matemáticas no es hacer las cosas simples complicadas, sino hacer las cosas complicadas simples»
(S. Gudder).
NOVIEMBRE 2021
LA RECOMPENSA DEL TRABAJO
Hace unos días, en una entrevista, me preguntaron cómo había llegado hasta donde he llegado, a que me dieran ese premio que me ha traído tantas alegrías (no tanto por mí, sino por los que me rodean). Me preguntaron si había que ser algo más lista, algo más inteligente, o tener algo más, para llegar hasta aquí. Y la respuesta fue, no, claramente no. Ni siquiera la pensé, es evidente para mi.
Inmediatamente después me preguntaron si quizás había que tener suerte y de nuevo, mi respuesta fue no, y esta vez y guiada por la experiencia de mi vida, de mis altibajos y de mis tropiezos, con más rotundidad, aún si cabe, dije no.
Entonces me preguntaron, ¿y cuál es el truco? Y es que, en realidad, no hay truco. Desde mi punto de vista mas personal, la clave está en dos aspectos esenciales, fundamentales: hacer lo que a uno le gusta con pasión y trabajar duro, con tenacidad, para conseguir lo que te propongas.
Eso sí, esto lleva consigo renuncias personales, sacrificios, decisiones dolorosas y algún que otro año de vida perdido. Además, hay que saber buscar incentivos para no rendirse por el camino porque no, no es verdad eso que decía un amigo y colega “no hay problema que se resista a dos millones de horas de trabajo”. Siempre he llevado la contraria a mi amigo en esta frase. No puedo estar más en desacuerdo porque por supuesto que lo hay. Y lo más difícil de todo es que hay que saber darse cuenta cuando estamos ante un problema de ese tipo y aceptar que hay que pasar al siguiente porque este, simplemente, no tocaba o no estaba a nuestro alcance.
Pero para seguir, para continuar, para que cada rendición se convierta en un aprendizaje y no en una renuncia para eso, se necesitan recompensas, al menos, alguna de vez en cuando. Aceptémoslo, admitámoslo, es así. El ser humano necesita ver recompensas al trabajo realizado, ver que ese engranaje de renuncias funciona y que de vez en cuando todo tiene sentido y da sus frutos.
Es indispensable también el equipo de seres humanos de los que te rodees. Los amigos, la familia, la pareja, los hijos…el equipo que forma parte de tu proyecto de algún u otro modo. Ellos harán que esas piedras no signifiquen una renuncia porque en realidad nos mostrarán que las piedras no son tan grandes.
“Los sueños sin metas, son sólo sueños; y te llevarán a desilusiones. Las metas, son el camino hacia tus sueños; pero no se pueden lograr sin disciplina y consistencia (Denzel Washington)”
SEPTIEMBRE 2021
LA DOCENCIA DE LAS MATEMÁTICAS
Ayer empecé con mis clases presenciales. ¡Bendita presencialidad! indispensable, indiscutible, sobre todo para una asignatura como las Matemáticas y sobre todo para unos alumnos que acaban de llegar a la Universidad y se enfrentan a un universo totalmente distinto a lo que conocen y que sin lugar a dudas marcará su futuro.
Me encanta empezar mis clases de manera lo más amena posible porque la imagen que se les da a los alumnos el primer día es esencial para posicionarse de manera positiva ante los retos con los que se van a encontrar, y más en una asignatura como las Matemáticas donde tienen una idea preconcebida (generalmente negativa) de lo que significa “un profesor de matemáticas”. Pues bien, mi manera de empezar ayer fue pidiéndoles que se presentaran y que me dijesen lo primero que les venía a la cabeza con la palabra matemáticas. Lo de presentarse, les gusta, porque no son una matrícula más, un número más, tienen nombres y apellidos, igual que nosotros, los profesores. Pero, y de esto va este pequeño artículo, lo que me dejó absolutamente perpleja fue su reacción ante la palabra matemáticas. Un 15 % me contestaron con palabras relacionadas con el contenido de las matemáticas: funciones, integrales, cálculo, datos, operaciones, etc. Sin embargo, el resto, entorno del 85% de los alumnos contestaron cosas como: miedo, ansiedad, angustia, suspenso, agobio, tristeza, imposible,etc.
Nos encontramos con alumnos motivados para el grado que han elegido porque su nota de corte es alta, saben lo que quieren, pero nos encontramos con un miedo inmenso a las matemáticas, una asignatura de primer curso, un curso esencial para ellos y que sentará las bases mentalmente de todo lo que viene después. ¿Cuál debe ser nuestra postura ante esto? ¿qué debemos hacer para que esto no sea así? Este es el problema y es en lo que se debe reflexionar. Mi objetivo en este curso será que al final, cuando vuelva a preguntarles lo mismo, me digan justo lo contrario de lo que me dijeron ayer. Eso les dije a mis alumnos, eso y que me tenían que dar una oportunidad para que, entre todos, pudiéramos conseguirlo.
Pero, ¿y cómo debemos hacer eso? ¿cómo se puede quitar el miedo a unos alumnos que lo tienen incrustado en los poros de su piel desde hace años? Al mismo tiempo, no debemos olvidarnos de esos contenidos que hay que dar, esa mente que hay que estructurar y que es esencial para abordar problemas de manera determinante en este curso, en los próximos y en su futuro profesional.
Mi charla de ayer, y que tendré en más ocasiones, estaba destinada a transmitirles mi pasión por las matemáticas, y todo lo que esta ciencia tan extraña, tan perfecta y tan única me ha aportado. Yo también fui una alumna asustada cuyo libro de matemáticas se hacía cada vez mas grande según lo miraba. Pero tuve la gran suerte, de encontrar en el camino a varios profesores, que supieron transmitirme el amor a las matemáticas y todos los tesoros que tiene ocultos. Enseñar, ser un buen profesor, saber transmitir con pasión, con energía, con vitalidad, ser un guía, es esencial para que estos alumnos abandonen esa idea preconcebida de las matemáticas y se dejen llevar. Esta es la parte más dura de conseguir pero es el principio de una aventura maravillosa, que puede transportarte, si te dejas llevar, a un universo repleto de cosas nuevas por descubrir, a alcanzar una satisfacción única y a ser libre porque, como dijo Cantor, la esencia de las matemáticas reside en su libertad.
“Las Matemáticas no son un recorrido prudente por una autopista despejada, sino un viaje a un terreno salvaje y extraño, en el cual los exploradores se pierden a menudo”
(W.S. ANGLIN)
